Habemus Papam

"Habemus Papam"
Oleo sobre lienzo. 110 x 110 cms.
Autor: Mercedes Fariña.

Bandera del Vaticano

"Esta obra pictórica forma parte de la Colección Vaticana, habiendo sido entregada en manos de S.S. Francisco luego de la Audiencia General del 9 de Octubre de 2013".

La logística para el traslado del cuadro desde Buenos Aires a Ciudad del Vaticano estuvo mediada por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación y por la Representación Diplomática Argentina ante la Santa Sede.

El primer cuadro del mundo que retrata en óleo al Papa Francisco es Argentino.

Introducción y Contexto Histórico

Mercedes Fariña, joven y talentosa artista plástica del barrio porteño de Flores, tuvo la precoz idea de pintar un cuadro del primer Papa argentino.

La misma surgió inmediatamente conocida la noticia de la elección de Jorge Bergoglio como sumo pontífice. La trascendencia e importancia de este evento a escala mundial, más allá de los credos, sumada a la estrecha relación del Papa con el barrio donde la pintora reside, se sumaron como detonantes a la hora de decidir volcar su oficio para plasmar dicho acontecimiento histórico en un lienzo.

Mercedes no dudó ni un minuto en interrumpir la serie temática en la que estaba trabajando ese día, para poner manos a la obra en un cuadro alegórico, de gran formato.

Lo espiritual habitualmente estaba presente en las obras de la artista. Ya desde sus primeros estudios en Bellas Artes, siempre se había interesado en la iconografía religiosa y su simbolismo; con visión ecuménica a la hora de analizar las expresiones estéticas, de los principales credos, alrededor del mundo.

En muchas de sus series pictóricas acostumbraba utilizar recursos clásicos de iconografía religiosa, a modo de transmitir espiritualidad desde la génesis de las composiciones, procurando incluir al ser humano envuelto en su dogma teológico. Mercedes siempre tuvo la inquietud de ahondar en los recursos artísticos a través de los cuales las grandes religiones se valían a la hora de difundir sus doctrinas, especialmente a través de las representaciones pictóricas, ejecutadas por los grandes pintores de la Historia del Arte a lo largo de los siglos.

La relación entre las autoridades religiosas y los artistas de la época, encargados de transmitir en imágenes dichas creencias, se presenta como una constante que se repite a lo largo de la historia.

Así, los artistas siempre han representado hitos religiosos y Mercedes Fariña sintió que este se presentaba, técnicamente, como su momento para hacerlo; sin dejar pasar inadvertida esta única e irrepetible oportunidad que la historia moderna entregaba en sus manos.

Mercedes supo, de modo hábil y sensible, hacer trascender su arte a través de un mensaje estético que apunta a lo bello, con gran realismo pictórico y de un alto contenido espiritual y simbólico.

Primer cuadro del Papa Francisco. Su mensaje y significado

El primer cuadro del Papa Francisco, se presenta como una composición sencilla y cotidiana, pero a la vez de una profundidad espiritual tal, que transmite el legado papal de modo contundente.

Opuestamente y obviando la necesidad de recurrir a un retrato hegemónico o hierático, del cual pudieran inferirse tintes de idolatría, la artista muestra como "Papa" a una persona en actitud contrita de oración, expuesta en su espiritualidad y predicando con el ejemplo.

La elección de la imagen de Francisco, rezando humildemente en íntima comunión con Dios, aunque con la vestimenta de la asunción que denota su autoridad eclesiástica, reunía los atributos icónicos que la artista anhelaba incluír en su alegoría.

El cuadro apela al corazón del barrio de Flores, en lo espiritual y en lo urbano. La imagen perfilada en un segundo plano monocromo de la iglesia de San José de Flores, se muestra virtuosa junto al Santo Padre. En un friso que se extiende frontal y lateralmente en la fachada de la iglesia, la artista incluyó la leyenda "Han venido a buscarme casi al fin del mundo", frase que pronunció en su carismática presentación al mundo, al asomarse al balcón de San Pedro, marcando el día de su elección como sumo pontífice.

La artista prefirió que el fondo se mostrara blanco, apelando a la pureza del alma. La integración de las figuras y el equilibrio visual del cuadro están regidos por dos franjas veladas, entrecruzadas a modo de cruz, como recurso iconográfico que aporta cierta modernidad a la fusión de todos los componentes. Técnicamente, el proceso pictórico aplicado es el tradicional, con método renacentista.