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Mercedes Fariña: “Me reconozco en el estilo figurativo”

por Lo Reyes, para Alaisk Murasaki (Chile, 25/8/2013)

El cuerpo femenino es el foco del trabajo de Mercedes Fariña, una de las exponentes más importantes de la nueva pintura figurativa argentina. A través de su arte, Mercedes desentraña sensibilidades.

No hay nada al azar en su obra, todo ha sido meticulosamente pensado para sorprendernos con un lado humano poderoso, que incluso llega a tocar lo espiritual. En los cuadros de Mercedes hay mucho de divino, de auto exploratorio, una sensación etérea, una búsqueda de opuestos reflejados incluso en su forma de jugar con la luz y la sombra.

Quisimos conversar con ella sobre esta pasión profunda por la pintura al óleo a muy temprana edad.

Cuando con tan sólo diez años ya asistía a un taller de pintura infantil para luego dar el salto y optar por un bachillerato de Bellas Artes y perfeccionar pronto su propuesta asistiendo a lo largo de 15 años a talleres con dos grandes referentes locales: Eduardo Mac Entyre y José Marchi.

Dicen que la perseverancia siempre da frutos y es posible observar toda tu evolución a través de tu portafolio. Para comenzar, me pregunto qué te atrajo del estilo figurativo…

Me reconozco en el estilo figurativo. En él encuentro el lenguaje pictórico, el código que considero más adecuado para transmitir mensajes, estados de ánimo y todo un mundo espiritual desde lo simbólico. Me genera mucho placer estético encarar el desafío de “crear humanos” que habiten en las dos dimensiones de la tela, que se presenten como los personajes teatrales de mis creaciones escénicas, como entidades portadoras del abanico de sensaciones que deseo trasmitir.

Y en cuanto a temática, ¿por qué la figura humana?

Opté por ella como fuente de transmisión de sentimientos y cuestiones espirituales. En un principio abordé la expresión del cuerpo a través de desnudos clásicos y académicos. Años más tarde me focalicé en las expresiones de los rostros y la carga expresiva que conllevan las miradas.

En tus pinturas buscas mucha fuerza en la expresión. ¿Quiénes han sido tus principales referentes para lograr tal potencia visual? 

Mis referentes son, además de mis maestros de pintura, muchos grandes pintores de la Historia del Arte.

Desde los principales exponentes del Renacimiento y del Barroco, pasando por la escuela Académica Francesa con Ingres y Bouguereau, hasta los prerrafaelistas, por sólo nombrar a algunos de las decenas de pintores consagrados que me inspiran y conmueven.

Has dicho en varias entrevistas que como premisa casi absoluta no convocas a modelos profesionales, sino a mujeres que conoces en el camino. ¿Qué características buscas en ellas y qué rescatas de este proceso?

Intento encontrar mujeres versátiles, auténticas y con gran actitud, potenciales emisarias de lo que quiero transmitir en mis cuadros, aunque no pertenezcan al mundo del arte. Procuro canalizar a través de ellas un discurso, que suele encontrarse no sólo en un único cuadro, sino también resonando en mis diferentes series temáticas. Medito la idea que quiero transmitir en una serie y la converso con la modelo; la induzco a que represente el sentir con su cuerpo.

Investigo qué otros elementos compaginar en la escena, para apoyar el mensaje. Una vez delimitado este conjunto elemental armo el boceto, que luego conducirá a un cuadro sustentable desde lo visual y discursivo.

Accesoriamente al mensaje más evidente, siempre busco transmitir sentimientos y cuestiones espirituales. Por ello es que me referencio como una especie de “artista sacra”; no sólo porque en oportunidades involucro puntualmente la representación de tal o cual culto religioso, sino porque procuro abordar con amplitud la representación pictórica de todo lo humano: su naturaleza, su alma y sus estados anímicos, que en definitiva lo consagran como tal.

La serie “Arka” surgió como un recurso expresivo, como una temática que siempre quise abordar, a partir de la interacción fundamental de dos conceptos muy relacionados: la preservación y la trascendencia. La idea rectora, de esta serie tan particular, tiene como protagonista a una niña que oficia de mensajera, en un momento de cambio y quiebre temporal.

Esta niña emisaria, de inquietante mirada, porta las Arkas, que son como cofres vítreos. Allí atesora objetos que quiere preservar, resguardar, llevarse consigo y perpetuar. La elección de los objetos no responde a lo errático; los mismos representan simbólicamente a la naturaleza, su infancia, el silencio, la detención del tiempo y su impronta.

La edad de la niña también encarna esa transición de un tiempo a otro. Es una niña que deja la infancia para comenzar a adentrarse en el universo de los adultos. En un contexto escénico entre lo fugaz y lo onírico, se lleva en las Arkas todo lo que atesoró en su corta vida y le es significativo, así como también rescata todo aquello que aún no terminó de comprender.

De este modo la protagonista trasciende el instante y deja librada una segunda oportunidad de esclarecimiento para la adultez, que se avecina inexorable.

Esta necesidad tuya de profundizar emocionalmente también se hace visible en “Sobre Superficies”. ¿Qué podrías contarnos al respecto?

“Sobre Superficies” es una serie donde trabajé el tema de la expresión del cuerpo a través de los desnudos envueltos en paños.

Son mujeres que reposan pasivamente, otras rezan y otras contemplan, siempre sobre diferentes superficies textiles, ilustradas con grafismos de connotación sacra, de diversas culturas ancestrales. El discurso de los grafismos incluye desde diseños precolombinos tradicionales hasta la geometría compleja de los islámicos. En esta comunión del humano con los diferentes trazos, es donde me interesa encontrar la unidad icónica, representativa de la espiritualidad. Luego, en algunas obras de esta serie también incluyo a los personajes sobre simples dameros. Aquí el humano se encuentra solo con su alma, casi sin refugio, remitiendo a una etapa individualista de mayor modernidad y despojo, sin el predominio de la mencionada espiritualidad, característica del resto de la serie.

Ya sabemos que detrás de tu trabajo hay un relato, que buscas estimular la improvisación y dar paso a lo orgánico. Una vez que fluyes en esta dirección, ¿cómo abordas tu trabajo técnicamente?

Utilizo la técnica de óleo sobre lienzo, por capas. Técnicamente, mis cuadros no tienen menos de cinco entradas de pintura.

Los voy construyendo con un metódico proceso de superposición matérica. Apunto a obtener, entrada tras entrada, la mayor riqueza cromática posible, procurando exaltar la pureza de los pigmentos.

¿Sientes que una mejor técnica te permite interactuar mucho más con el espectador?

Exacto. Siento que la técnica adquirida es una herramienta vincular, que posee la virtuosa capacidad de abrir un canal comunicativo, un puente con el espectador. Creo como artista que moldear y direccionar este canal no es sencillo en la dinámica de los tiempos que corren. Hoy abundan los estímulos distractores y lo efímero. El ruido de la modernidad compite con ventaja con la capacidad de contemplación y de asombro, necesarias para disfrutar plenamente de una obra pictórica, que podría erróneamente pensarse estática.

He comprobado que la emoción de un “espectador conmovido” por la obra se cosecha luego de un compromiso sin pausa con el oficio, de una dedicación responsable que lo torna valioso, digno de ser apreciado y respetado.

Con una mirada retrospectiva a la totalidad de tu obra, ¿cuál de tus pinturas es la que más te conmueve?

Me siento más atraída por la serie “Post Tenebras Lux”, porque siento que en esa serie pude trasmitir más gráficamente mi mundo espiritual, en esa dialéctica entre la luz y la oscuridad, entre el ver y el no poder ver, el mostrar y el ocultar. Tal vez mi preferencia es motivada porque en esta serie las protagonistas lograron ensamblarse muy apropiadamente, desde la mirada y lo actitudinal, con la poética del misticismo que quería transmitirle al observador.

Entre la gente del medio se habla de la crisis artística que atraviesa Argentina. ¿Qué opinas al respecto y cómo es vista la pintura figurativa hoy?

El contexto artístico argentino actual esta complicadísimo, por varios motivos. Uno de ellos es que el mercado está bastante detenido.

En lo que respecta a mi técnica, está descalificado el estilo figurativo por la crítica especializada por considerarlo demodé o peyorativamente “decorativo”. Es cierto que muchos pintores amateurs se refugian en la figuración; pero también es cierto que hay una corriente muy importante de artistas profesionales y emergentes, que encontramos en el lenguaje figurativo un medio para trasmitir mucho más que destreza técnica o un lindo cuadro para el living.

Entonces, ¿cuál es el reto?

Creo que el mayor desafío es lograr, a través de este lenguaje centenario, transmitir contemporaneidad. Lograr representar al humano con sus sentimientos y entornos actuales, para que sea el reflejo de una expresión del siglo XXI y no del realismo clásico del siglo XIX. Apunto a conseguir que cuando alguien vea mis nuevas pinturas, sienta que lo representado forma parte de esta era “en red” que estamos transitando; tan dinámica, tan conectada y tan compleja. Me resulta muy atractivo y apasionante encarar la representación del ser humano moderno y su individualismo, inmerso en “la red” de las metrópolis, que le presentan una gran conflictiva entre íconos que se desvanecen y otros que van surgiendo.

Como desafío y para diferenciarme en el mercado local, me propuse plasmar en mis nuevas obras el debate del hombre actual con la cultura de lo instantáneo; sus intentos fragmentados de procurarse un tiempo y un espacio silente, que le permitan cultivar adaptativamente su tan preciada espiritualidad.

¿Qué podemos esperar de tu nuevo trabajo? ¿Podrías darnos un adelanto?

En este momento acabo de finalizar una nueva serie, titulada “Sensu”, en la cual trabajé durante los últimos dos años. En ella plasmo la temática de los cinco sentidos humanos. La mayoría de las composiciones incluyen a dos figuras como protagonistas. Se genera un diálogo entre ambas, como dos instancias encontradas de un mismo “yo”, en la que una posee un sentido exacerbado y la otra disminuido o bien anulado. En los fondos de esta serie recurrí al círculo, como elemento integrador y de modernidad, como referencia simbólica a los lazos humanos, fusionando y equilibrando en un mismo diálogo a los sentidos contrapuestos. Actualmente también me encuentro trabajando una serie de Arte Sacro Cristiano, como homenaje a la reciente asunción del Papa Francisco, titulada “Habemus Papam”. En ella represento a la máxima autoridad espiritual de la Iglesia Católica, desde una óptica y abordaje muy distales a la idolatría. Lo presento desde su genuina humanidad, rezando humildemente en comunión con Dios y rodeado de los íconos más representativos del cristianismo. A mediano plazo, tengo previsto obsequiarle el primer cuadro de esta serie al Papa Francisco, dado que he mantenido correspondencia privada con el Sumo Pontífice, quien tuvo la gentileza de reconocer mi oficio artístico mediante un Acta Pontificia de la Secretaría de Estado Vaticano, agradeciéndome la iniciativa pictórica que lo retrata. Asimismo, la Nunciatura Apostólica en Argentina ya me ha solicitado una audiencia privada a tales efectos, por lo que estoy esperando la confirmación de fecha desde Roma, para programar el viaje y la entrega en mano.


Entrevista a Mercedes Fariña en Associated Press (AP)

Información periodística distribuida a las principales cadenas informativas del mundo, a través de cable y video, por la prestigiosa agencia de noticias Associated Press. Por Paul Byrne (Senior Producer). Buenos Aires, Argentina.

First portraits of Pope Francis by Mercedes Fariña.

An artist, who grew up in the same Buenos Aires neighbourhood as Pope Francis, has painted an allegorical series of portraits of the popular pontiff, set against a backdrop of locations emblematic of his life and first year in office.

Artist Mercedes Fariña said the series of seven paintings entitled "Habemus Papam" in Latin, or "We Have a Pope", is an artistic expression of the enduring link between Latin America's first pope, his papacy and his past.

One painting is set against the backdrop of the Basilica of San José, where the former cardinal of Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, got his religious calling.

Fariña said that by painting the pictures she is "paying loving homage to our own dear Pope Francis."

The Vatican has already received one of the paintings in past October, she said.

Upon receiving a still image of the series, the pontiff sent a personal letter to the 37-year-old artist, praising her work and requesting one of the compositions for the Vatican's private collection.

A copy of the portrait (digital print) remains in Fariña's studio. It shows the pope posed solemnly on the day of his election.

Among Fariña's plans for new works is a painting showing Pope Francis alongside Pope John Paul II and Pope John XXIII, who will both be canonised on next April 27th.

Date: 24/4/2014 - Storyline under licence of Associated Press Television News.

Broadcasting at Mercedes Fariña's art studio (Associated Press).


Dualidad humana con cuerpo de mujer

Consumatum est

Es una notable exponente de la nueva pintura figurativa argentina. El cuerpo femenino inspira su lenguaje sutil y contundente.

Es hiperactiva, obsesiva, tal vez?, pero no vive esa condición como un defecto de su personalidad. Todo lo contrario. Para Mercedes Fariña, joven y exitosa pintora, trabajar largas horas sobre una tela es como una bendición y una necesidad espiritual, a la que no renuncia bajo ningún punto de vista. Esa hiperactividad es la que explica una producción poco común en el mundo del arte.

No lleva una cuenta exacta de los cuadros que ha pintado en su corta vida, pero son muchos y, sobre todo en los últimos años, donde la cantidad tiene el importante correlato de una calidad estética en constante superación.

Su última exposición titulada Post tenebras lux es una prueba evidente de este camino ascendente. Hay una línea conceptual común en su pintura figurativa que se regenera en cada obra, que se repite como en un espejo de infinitas facetas, pero que, sin embargo, nunca es igual: la luz y la sombra sobre esos cuerpos femeninos que pueden sugerir sensualidad o una profunda espiritualidad; amor humano o amor divino; contundencia visual o una etérea sensación de transparencia.

La dualidad humana es la clave profunda del mensaje que Mercedes ha logrado ir enriqueciendo a través de las diferentes series en que se divide su obra, con un manejo impecable de los claroscuros.

Método ejemplar

Es un lenguaje complejo, altamente simbólico, notablemente intimista el que logra extraer de los cuerpos de sus modelos, con las que trabaja según un método muy alejado del tradicional.

Mercedes además de pintora, es fotógrafa y toma instantáneas donde intenta o más bien "capta" la esencia de lo que después plasmará en la tela, con la fidelidad inevitablemente subjetiva de su talento.

Tanta maestría es el resultado de muchas horas diarias de fatigar el lienzo y de una impronta artística que viene de muy lejos. Mercedes pinta desde que tiene uso de razón o quizá antes.

Desde la primaria fue a escuelas con orientación artística, hizo seminarios y cursos diversos y estudió largos años con algunos de los más caracterizados pintores figurativos de la Argentina.

Ahora además de pintar en forma infatigable, con esa notable desmesura, enseña las técnicas básicas de su arte, pero a diferencia de otros talleres lo hace con la misma extrema rigurosidad, sin renunciar a los principios éticos y estéticos que fundamentan toda su trayectoria: elige a sus alumnos entre aquellos que considera con talento y espíritu de sacrificio suficiente como para encarar la aventura de la creación sin limitaciones.

En eso no hay concesiones, no hay juegos sutiles de luces y sombras. Hay puro empuje, constancia y como en su pintura, un deseo casi absoluto de trascendencia.

por Martín Warmerdam
Periodista Especializado.
para Revista Artesanos
Noviembre de 2007.


Mercedes Fariña en pocas líneas.
Una vida dedicada al arte figurativo

Phi - Complot a la oscuridad

Mercedes Fariña es una joven pintora florense cuya principal temática de inspiración es el ser humano actual y su abanico emotivo. Ella afirma con convicción que hacer pintura es por estos días un acto rebelde y melancólico, una alquimia personal contra la improvisación reinante que se impone.

Sus primeros pasos en la pintura figurativa los dio de la mano de dos grandes maestros de nuestra plástica, Eduardo Mac Entyre y José Marchi, de quienes aprendió el oficio artístico que reivindica día a día, con cada pincelada que impacta sobre el lienzo virgen.

Buscando complicidades en recursos del Renacimiento y en la pintura Académica Francesa del siglo XIX, Mercedes encuentra en el lenguaje de la pintura realista una herramienta insustituible para que surja la revelación pictórica, que le permite expresar con óleo sus emociones más profundas.

En un lenguaje que desborda los límites del verbo, los personajes de sus series dialogan íntimamente con el espectador apelando a la mirada, en actitud trágica y contemplativa.

Sus imágenes permiten prolongar la percepción hacia un encuentro secreto entre lo visible y lo tácito, entre lo tangible y lo inmaterial. Pictóricamente tiende a comunicar lo terrenal con lo trascendente a través de la sintaxis estética.

Es notable el modo en que Mercedes representa el tiempo y su paso, congelando la imagen y generando un paradigma de trascendencia en que los minutos parecen crepusculares y detenidos.

Sus composiciones logran despojarse de elementos supérfluos, dando paso a un mayor protagonismo del personaje encargado de transmitir el mensaje, el concepto.

La paleta se resume en colores definidos y los trazos se muestran firmes y concisos, aportando un acabado que torna soberbia a la composición en su totalidad.

La evolución de sus distintas series pictóricas siguen una marcada linealidad, cuyo hilo conductor es la conexión entre el humano, su alma, la luz y el entorno.

Quizás fue esta habilidad para representar la espiritualidad, la que le valió el reconocimiento a uno de sus magníficos cuadros, al ser elegido para ser exhibido y documentado en catálogo en el contexto de la X Bienal de Arte Sacro, organizada por la Universidad Católica Argentina.

Por su alto valor simbólico no es casual entonces que las obras de Mercedes Fariña sean apreciadas por los amantes del arte tradicional y que se encuentren formando parte de prestigiosas colecciones locales e internacionales.

Complementariamente a sus creaciones, Fariña brinda clases regulares de pintura figurativa en su atelier del barrio de Flores, donde comparte su oficio con un selecto grupo de alumnos que concurren desde distintas ciudades, ávidos de aprender el manejo del óleo aplicado a la figura humana.

La última serie temática que expuso se tituló "Arka", en la cual la artista eligió como protagonista a una niña que preservaba objetos y vivencias en reservorios vítreos, que denominó arkas, los que luego transportaba a través de distintos escenarios oníricos e incluso la acompañaban en sus viajes a otras épocas.

En la hábil iconografía de Fariña esta niña, detonante ideológica de las series actuales, irrumpía siempre expectante y misteriosa, resguardada en un silencio activo, casi impenetrable, que sugería sutilmente su filiación divina.

Actualmente, Mercedes prosigue desarrollando dos series derivadas, de manera simultánea: una titulada Sensu y otra titulada Urbe. En la primera, la artista representa a protagonistas femeninas en actitudes sensoriales complementarias, en dos planos cromáticos que emulan planos anímicos alternantes, inherentes al ser humano. La segunda serie, Urbe, transcurre en escenarios citadinos donde los personajes se muestran en actitudes urbanas modernas, interactuando con íconos arquitectónicos contundentes, propios de las grandes metrópolis.

por Federico Flores MartÌnez
para Revista FAST, Puerto Madero.
Año 3 - Nro. 9.